Para muchas personas diagnosticadas con una Enfermedad Inflamatoria Intestinal (MII), la palabra » ostomía » puede generar incertidumbre. Sin embargo, cuando analizamos los datos médicos actuales, el panorama es mucho más esperanzador de lo que a menudo se imagina. Gracias a los avances científicos ya las nuevas terapias, la ostomía no sólo es cada vez menos frecuente, sino que, cuando es necesaria, representa a menudo una solución temporal o que incluso permite recuperar la calidad de vida del paciente.
El dato más positivo que debemos tener presente es estadístico: la gran mayoría de personas con EII no acaban ostomizadas . Aunque históricamente las tasas de cirugía eran elevadas, la realidad actual es muy distinta. Si nos fijamos en la necesidad de llevar una bolsa de por vida, el porcentaje se reduce drásticamente, situándose generalmente por debajo del 10-12% del total global de pacientes. Esto significa que para cerca del 90% de los pacientes, la ostomía permanente no será una realidad.
Uno de los principales motivos para el optimismo es el impacto de los nuevos tratamientos. La aparición de fármacos biológicos y terapias avanzadas en las dos últimas décadas ha marcado un punto de inflexión. Estos medicamentos han logrado disminuir la necesidad de cirugías de urgencia y reducir considerablemente las tasas de intervención a los cinco años del diagnóstico en comparación con los datos de los años 90.
Es fundamental entender que el riesgo varía según la condición, pero en ambos casos existen lecturas positivas:
- En la Colitis Ulcerosa (CU): la cirugía, en estos casos, implica retirar el colon enfermo, lo que elimina la enfermedad del órgano afectado. El riesgo de necesitar una intervención que derive en ostomía se sitúa entre el 10% y el 15%. Además, existe una gran esperanza para estos pacientes: en muchos casos se puede realizar posteriormente un reservorio interno (reservorio en «J»), lo que permite eliminar la necesidad de llevar la bolsa externa permanentemente.
- En la Enfermedad de Crohn: aunque históricamente ha requerido mayor cirugía, se estima que sólo entre un 20% y un 30% de los pacientes podrían necesitar un estoma. Lo relevante es que, en el Crohn, muchas de estas ostomías son temporales. Su objetivo es dejar descansar el intestino después de una resección o complicación, ya menudo se pueden revertir más adelante. Gracias a las técnicas de reconstrucción actuales, el estoma definitivo es el escenario menos probable.
A pesar del optimismo que desprenden las estadísticas actuales, no debe menospreciarse el impacto emocional que conlleva esta realidad para el paciente. La palabra » ostomía » genera, de forma comprensible, una gran incertidumbre en el momento de plantearse, independientemente del pronóstico médico. Asumir este proceso requiere tiempo de adaptación y aceptación, puesto que, aunque el objetivo final sea recuperar la calidad de vida perdida, el camino supone un desafío personal mayúsculo. Es vital validar esta dificultad y reconocer la dureza de la experiencia, recordando que, afortunadamente, para la inmensa mayoría de personas la ostomía permanente no acabará siendo una realidad.