La fisioterapia o rehabilitación es aquel campo de tratamiento que normalmente puede ser asociado a casos muy concretos, como ayudar después de una fractura, aliviar contracturas musculares u otras patologías fuera del sistema visceral, pero ¿cómo puede ayudar la fisioterapia en enfermedades inflamatorias intestinales? ¿Cómo puede verse beneficiado un paciente con cólicos, urgencia para ir al baño o incontinencias, dolores de espalda e inflamaciones reumáticas o incluso reflujo estomacal?
Vayamos por partes:
- La terapia manual como punto de partida:
La fisioterapia habitualmente se asocia rápidamente a dar masajes o recibir terapia manual para tratar casos solo musculares, pero puede servirnos más allá de aliviar la típica “contractura”.
La terapia manual también puede ayudar a restablecer síntomas como el dolor visceral reflejo, ya que estas vísceras inflamadas comparten territorio nervioso con músculos de la espalda baja o de la zona abdominal, que podemos asociar a dolor muscular simple, siendo algo más complejo que eso.
La terapia manual en zonas con relación al sistema visceral inflamado puede también ayudar a que el sistema nervioso regule mejor el dolor y controlar estos síntomas asociados.
Estos tratamientos, que a priori parecen sencillos (me hacen un masaje y ya está), pueden ir aún más allá: desde tratar músculos de la espalda baja asociados al dolor visceral, hasta trabajar la musculatura respiratoria, aliviar síntomas nerviosos o realizar tratamientos a nivel de musculatura pélvico-genital o de dolor persistente.
- El famoso suelo pélvico, ¿y eso qué es?
En los últimos años se ha puesto sobre la mesa un tema muy concreto dentro de la fisioterapia, sobre todo asociado a mujeres o al momento del embarazo, pero de nuevo, nada es tan sencillo.
La musculatura del suelo pélvico y el complicado sistema nervioso de la zona, asociados a la EII, tienen mucha relación, ya que es una zona que puede verse afectada por esta patología debido a varios síntomas habituales y que suele pasar desapercibida o ser ignorada, sobre todo en temas de dolor pélvico persistente, relaciones personales y en la convivencia diaria con esta patología.
La fisioterapia aplicada al suelo pélvico es especialmente relevante en aquellas personas que han pasado por cirugía o presentan urgencia fecal, incontinencia, dolor anorrectal o fístulas, ya que puede ayudar a mejorar el control de esfínteres y la calidad de vida.
- Ejercicio y EII, ¿realmente puedo hacer ejercicio encontrándome así?
En la última década, el cuidado del cuerpo ha sido puesto en el centro de la actividad diaria de mucha gente, desde la alimentación, la meditación, la terapia psicológica y el deporte. Pero ¿realmente es seguro realizar ejercicio o ir al gimnasio con EII? La respuesta sencilla y rápida es un sí, pero apuntemos matices.
El ejercicio terapéutico, como solemos referirnos en fisioterapia, aporta muchos beneficios en multitud de patologías, incluidas las inflamatorias o viscerales.
El ejercicio físico moderado y adaptado tiene beneficios demostrados: reduce la inflamación sistémica, mejora la fatiga, mejora la movilidad articular, disminuye la ansiedad y previene la pérdida de masa ósea (frecuente en tratamientos prolongados con corticoides y por la baja absorción del calcio y la vitamina D).
En conjunto, la fisioterapia puede ser una aliada importante para las personas con EII, ya que no solo ayuda a aliviar el dolor, sino también a mejorar síntomas digestivos, el control del suelo pélvico y el bienestar general. A través de técnicas manuales y ejercicio adaptado, se pueden reducir molestias, aumentar la calidad de vida y favorecer un mejor manejo de la enfermedad en el día a día. Siempre es recomendable contar con un profesional que adapte el tratamiento a cada caso.
Andrea, Eva y Laura
Clínica Fisioterapia i salut
https://www.fisioterapia-salut.com/